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![]() Estrecho de Magallanes |
Partimos de Puerto Natales a primera hora de la mañana, en un autobús de línea de la compañía Fernández. Los empleados nos repartieron dos cartulinas numeradas, una para nosotros y otra que engancharon en las maletas. Imaginé que el rudimentario sistema evitaría hurtos.
El trayecto por la chilena Ruta 9 (246 km) duró unas tres horas. Avanzamos siempre en dirección sureste, primeramente junto a la frontera argentina y posteriormente por la orilla atlántica del estrecho de Magallanes. Quince kilómetros antes de alcanzar Punta Arenas realizamos una breve parada en el aeropuerto.
El autobús nos dejó en el hangar de los buses Fernández, en el centro de Punta Arenas, ciudad de marcado carácter europeo levantada en 1848 como resultado de trasladar hacia el mar la antigua población de Fuerte Bulnes. Intentamos en vano conseguir habitación en un hotel asequible. En el hotel Plaza, ubicado en la céntrica plaza de Armas o Muñoz Gamero, nos pusieron en contacto con Alejandro Valdés, el propietario de un hostal que llevaba por nombre South Pacific.
El chico nos guio hasta el 860 de la calle Errázuriz, un histórico edificio con vistas al puerto y al estrecho de Magallanes. El albergue estaba en la segunda planta, en un piso que perteneció a los abuelos de Alejandro, y contaba con amplias habitaciones genialmente decoradas, ocupadas por enormes camas. El salón parecía un museo, con techos altos y paredes llenas de objetos y cuadros. El precio incluía el desayuno ("decidme qué queréis y yo os lo preparo", nos dijo Alejandro).
Una vez alojados, solucionamos cómo llegar a Ushuaia al día siguiente. Autobuses Pacheco, ubicados en otro hangar próximo, te llevaban por unos 40€ en un viaje que duraba once horas y que incluía el almuerzo y el transbordador por la Primera Angostura del estrecho de Magallanes, en Punta Delgada.
El resto de la jornada transcurrió en la animada Punta Arenas. Vimos el Puerto Viejo, la plaza Muñoz Gamero con su escultura dedicada a Fernando de Magallanes y al indio patagón, nos aupamos hasta el Cerro de la Cruz para contemplar la ciudad y el estrecho de Magallanes, y por la noche cenamos en el Santino, un restaurante de moda de la calle Colón.
Esa mañana iniciamos nuestro largo viaje en autocar, de once horas, hasta Ushuaia. Partimos a las nueve, en un moderno autocar provisto de cómodos sillones y televisión. Avanzamos hacia el noreste, siguiendo la orilla septentrional del estrecho de Magallanes. Una hora más tarde, en Gobernador Philippi, abandonamos la ruta 9 y proseguimos por la 255, que concluye en la Primera Angostura del estrecho de Magallanes, muy cerca de Punda Delgada.
A las once y media, una vez embarcaron los vehículos y los pasajeros, zarpamos en el ferry Fueguino. Navegamos durante media hora por la Primera Angostura, entre Punta Delgada y Bahía Azul, la zona más angosta del estrecho de Magallanes.
La isla Grande de Tierra del Fuego nos recibió al son que marcaba la lluvia. A través de la ventana pude ver una tierra llana con presencia del bosque magallánico de lenga y coigüe. En las muchas praderas que dominaban el horizonte pastaban tranquilamente ovejas, cabras, vacas y alguna que otra llama.
Tras dos horas y media de circular por carretera de ripio, arribamos a la aduana chilena de San Sebastián, un solitario puesto fronterizo ubicado al norte de la isla, muy cerca de la bahía del mismo nombre. Sólo tardamos media hora en realizar los trámites de salida del país. Ni siquiera nos abrieron las maletas. Argentina nos aguardaba de nuevo.