El glaciar Gorner forma un impresionante mar de hielo que serpentea entre algunos de los picos más altos de los Alpes suizos. Su extraordinaria panorámica, presidida por el Cervino y el macizo del Monte Rosa, convierte al Gornergrat y a sus senderos en uno de los miradores naturales más espectaculares de Europa.
La estación terminal de Gornergrat nos dejó alucinados. Estábamos a unos 3.100 metros de altitud, rodeados de 29 picos que superan los 4.000 metros y el majestuoso glaciar Gorner, cuyo hielo pudimos admirar desde la plataforma de observación.

Plataforma de observacón. Gornergrat
Estuvimos varios minutos en la plataforma de observación, con la mirada perdida en el glaciar Gorner, cuya masa de hielo tiene su origen en la cara norte del Monte Rosa (4.634 metros de altitud), fronterizo con Italia.

Monte Rosa desde Gornergrat
El sendero
No entraba en nuestros planes iniciales, realizar a pie la senda que separa las estaciones de Gornergrat y Rotenboden. Pero el día acompañaba, no hacía excesivo frío y no amenazaba con llover.

Monte Rosa desde la senda
El descenso hasta Rotenboden no tuvo dificultad alguna. La senda era amplia y permitía avanzar a buen ritmo. A nuestra derecha, el tren del Gornergrat amenizaba nuestro paso, y a nuestra izquierda los glaciares acaparaban nuestra atención.

Tren del Gornergrat desde la senda
Desde la senda, asomados al valle helado de Gorner, contemplamos un festival de hielo en toda regla. Desde las altas crestas de los Alpes, como la de los montes Breithorn y Castor, se descolgaban nuevos ríos de hielo que se unían al Gorner. Nunca habíamos visto nada parecido.

Monte Breithorn
Teníamos ante nuestros ojos el mejor comedor del mundo. Por eso, cuando nos situamos a la altura de la estación de Rotenboden, no desaprovechamos la ocasión para almorzar un tentempié junto al Gorner, el segundo glaciar más grande de Suiza, por detrás del Aletsch.

Glaciar Gorner desde la senda
Lago Riffelsee
Cerca de la parada de Rotenboden (a unos 10 minutos), un sendero fácil conduce al lago Riffelsee. Situado a 2.757 metros de altitud, a los pies del pico Riffelhorn, es famoso porque en sus aguas cristalinas se genera el reflejo inverso perfecto de la icónica silueta del monte Cervino o Matterhorn.

Lago Riffelsee
Estación de Rotenboden
Esta fantástica excursión junto al glaciar Gorner concluye en la estación de Rotenboden (2.815 m), la segunda más alta de la línea del Gornergrat.

Estación de Rotenboden
Consejos e información útil
- El glaciar Gorner tiene una longitud de unos 12,4 kilómetros y una anchura que oscila entre 1 y 1,5 kilómetros.
- Para ver los glaciares de Gornergrat podéis cubrir a pie la senda que une las estaciones de Gornergrat y Rotenboden.
- La distancia entre las estaciones de Gornergrat y Rotenboden es de 1,8 kilómetros si se recorre a pie por el sendero de montaña.
- Cerca de Rotenboden se encuentra el lago Riffelsee, en cuyas aguas se ve reflejado el monte Cervino.
- Si vais a pasar parte de la jornada en la zona, os recomiendo que llevéis comida y bebida.
- El clima en la cima puede ser muy frío, incluso en verano. Llevad ropa abrigada y resistente al viento.
- Consultad el pronóstico del tiempo antes de subir. Las condiciones pueden cambiar rápidamente en la montaña.
- Si no estáis acostumbrados a la altitud, tomároslo con calma. Bebed mucha agua y evitad esfuerzos físicos excesivos.
El Alto Ródano y Zermatt
Esta ruta transcurre por el alto valle del Ródano y por Zermatt, la ciudad más ecológica de Suiza, pues sólo pueden circular por ella vehículos eléctricos. Veremos el glaciar del Ródano y en Zermatt, el tren cremallera del Gornergrat nos aupará a tres mil metros de altitud, a los pies de los glaciares del Monte Rosa y Cervino, dos míticas cimas alpinas.

Alto Ródano y Zermatt
A tener en cuenta en Suiza
- Suiza es el país más montañoso de Europa, un filón de oro para los amantes de la naturaleza y los paisajes extremos.
- Un vehículo de alquiler es la mejor propuesta para moverte a tu aire, en nuestro caso, en el sentido de las agujas del reloj, con punto de partida y llegada en la elegante Ginebra.
- Por lo general, dormir y comer en Suiza es tremendamente caro. Echad mano de los albergues de juventud y de la fiambrera cuando vayáis a la montaña.
- Si vais a dormir en albergues de juventud, portad el carné de alberguista. Os saldrá más barato.
- Cuando os entreguen el coche de alquiler, aseguraos de que han colocado en el vidrio la "Vignette", una pegatina que os permitirá circular por las autopistas del país sin pagar peaje.
- Cuando aparquéis el coche, vigilad los bordillos. Yo reventé una rueda en Gin/ebra al rozar la rueda con un bloque de puro granito.
- Aparcar el coche en Suiza es complicado. Casi siempre hay que pagar, salvo los domingos, como nos ocurrió en Lausana.
- El hecho de haber pinchado una rueda al poco de iniciar el viaje, se tradujo en que tuve la oportunidad de conducir dos vehículos grandotes: un Ford Focus familiar y Opel Vectra familiar.
- Por cierto, si, como me ocurrió a mí, pincháis una rueda y semanas más tarde, una vez concluido el viaje, recibís un e-mail en el que se os pide que abonéis el precio de la rueda, ni se os ocurra pagar. "Para eso están las aseguradoras", les respondí. Menudos caraduras. Tratándose de Suiza, uno de los países más ricos del mundo, el envío de esta misiva me decepcionó bastante. Fue lo peor del viaje.
- No olvidéis llevar calzado de montaña, chubasquero o paraguas, gafas de sol y ropa de abrigo. En la alta montaña hace frío.
Suiza, Liechtenstein y Alta Saboya
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