La Selva de Oza, en la cabecera del valle de Hecho, es un espectacular paraje de montaña que cambia de color con las estaciones, siendo la primavera y el otoño un verdadero regalo para los sentidos, y el invierno un remanso de paz.
A partir de la autovía A-23, la carretera que vertebra el valle de Hecho nos condujo al pueblecito de Hecho, cuya visita dejamos para la hora de almorzar. A partir de aquí proseguimos en dirección a Siresa y Oza, con la nieve como única compañera de camino.

Pasamos junto a la Casa de los Forestales
Nueve kilómetros separan Hecho de la Boca del Infierno, un desfiladero profundo y estrecho excavado por el río Aragón Subordán a lo largo de miles de años, y que bien merece una parada en la ruta.

Boca del Infierno

Río Aragón Subordán. Boca del Infierno
El nombre proviene de su aspecto: paredes rocosas muy verticales, un paso encajonado y oscuro y el ruido intenso del agua. Todo esto crea una sensación “dramática”, de ahí lo de “infierno”.

Boca del Infierno
Refugio de Oza
Los siguientes cuatro kilómetros fueron muy agobiantes, pues la presencia de hielo en la carretera casi nos obligó a dar media vuelta. Afortunadamente, pudimos alcanzar el Refugio de Oza de una pieza.

Refugio de Oza

Refugio de Oza. Aparcamiento
Estacionamos el vehículo en un descampado próximo al Refugio de Oza, contentos por haber alcanzado este hermoso enclave sin habernos entretenido por el camino en ponerle las cadenas al coche.

Río Aragón Subordán desde el Refugio de Oza
Puente de Oza
Los primeros metros del recorrido, hasta el camping de Oza, se realizan por la carretera. Con los últimos coletazos del invierno, tuvimos que prestar atención al hielo que cubría el asfalto, evitando así los resbalones.

Puente de Oza
En este tramo, deberemos cruzar el Puente de Oza, que nos brindará una bella estampa del río Aragón Subordán. El paisaje era de postal.

Río Aragón Subordán desde el Puente de Oza

Río Aragón Subordán desde el Puente de Oza
Cámping de Oza
El tramo de asfalto concluye frente al cámping de Oza, punto donde comienza la senda circular Campamento Ramiro el Monje, que en su tramo inicial conduce a la Corona de los Muertos a través de un amplio carril.

Inicio del carril. Cámping de Oza
Nada más empezar, el sendero se adentra en un bosque de hayas y abetos. La pendiente es muy suave, con tramos rectos que ofrecen vistas parciales del valle y las montañas que nos rodean.

Ascendemos por el carril
El camino está bien marcado y es cómodo, con el aliciente de caminar sobre la nieve, en un ambiente fresco y silencioso.

Ascendemos por el carril
Senda de la Corona
Habíamos cubierto unos 850 metros cuando alcanzamos el desvío a la Corona de los Muertos. A partir de aquí, la senda se estrecha y serpentea entre los árboles, con el inconveniente de avanzar por nieve no pisada.

Desvío a la senda de la Corona
Dicen que el bosque de Oza es muy hermoso en primavera, pero he de reconocer que, en invierno, con un manto blanco cubriéndolo todo, el paisaje que brinda es igualmente espectacular. Ese día, además, apenas había visitantes.

Senda de la Corona de los Muertos
Este tramo del recorrido resultó ser el más hermoso. Antes de alcanzar la Corona de los Muertos tuvimos que cruzar un arroyo por un puente de madera. La nieve puso el toque exótico.

Cruzamos un pequeño arroyo

El arroyo desde el puente
Corona de los Muertos
Superado el puente, tras acometer un pequeño repecho, alcanzamos la Corona de los Muertos, una necrópolis con más de 100 círculos de piedra, datada entre el 3000 a.C. y el 500 a.C.

Corona de los Muertos
Las piedras utilizadas para la construcción de estos círculos proceden del río y por eso tienen formas redondeadas; otras son lajas con foma plana y han sido traídas de canteras cercanas.

Corona de los Muertos
La Corona de los Muertos no es un monumento visible llamativo, es más bien un espacio simbólico y discreto que inspira paz y sosiego. Entreteneos unos minutos en leer los paneles explicativos.

Corona de los Muertos
El nombre proviene de una tradición local: se dice que aquí murieron habitantes del valle durante incursiones antiguas (posiblemente musulmanas en la Edad Media), y los vecinos del valle habrían sido enterrados en este lugar.

Corona de los Muertos
Barranco de la Ñetera
Tras la visita a la Corona de los Muertos, ascendimos unos metros más por la senda del Campamento Ramiro el Monje, que en este tramo discurre junto al barranco de la Ñetera.

Senda del Campamento Ramiro el Monje
Este hermoso paisaje por el corazón del bosque de Oza cobija una importante fauna en la que se incluyen visitas esporádicas del oso pardo que habita en la vertiente francesa. Afortunadamente, ninguno se acercó a nosotros.

Senda del Campamento Ramiro el Monje
La fauna de Oza está compuesta por osos, quebrantahuesos, urogallos, águilas reales, perdices nivales, nutrias, sarrios, corzos... y multitud de pequeñas aves, que son las que vimos nosotros.

Senda del Campamento Ramiro el Monje
Consejos e información útil
- A la Selva de Oza se llega en coche desde el pueblo de Hecho (unos 13 km).
- En verano suele haber restricciones de acceso y transporte lanzadera para proteger el entorno.
- Y en invierno puede haber hielo en la carretera. No olvidéis llevar cadenas.
- Podéis estacionar el vehículo frente al cámpíng de Oza, pero si hay hielo es mejor dejarlo unos metros más abajo, junto al Refugio de Oza.
- Si hay mucha nieve en la senda, se aconseja utilizar raquetas de nieve.
- Aunque la historia mezcla leyenda y hechos históricos, la Corona de los Muertos añade un aire misterioso al recorrido.
- Una vez vista la Corona de los Muertos, se aconseja completar la senda circular, de 2,8 km de longitud.
- En determinadas fechas del año encontraréis abierto el campamento Bosque de Oza, dedicado a actividades de aventura (bosquedeoza.com).
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